viernes, 30 de diciembre de 2011

Mi guerra personal

Tengo un propósito para el año que empieza. Sólo uno. Dejar de fumar.
Los que nunca habéis sido fumadores no lo entenderéis. Los que alguna vez en vuestra vida habéis tenido este vicio/hábito, suscribiréis todo lo que a continuación quiero explicar.

He estado siguiendo los consejos de un icoach para establecer un plan para dejar de fumar. Llevo dos meses recibiendo a diario mails sobre los perjuicios del tabaco y los beneficios de no fumar. He realizado encuestas de motivación, de grado de adicción física y psicológica.
Bien, el resultado es:
Motivación para dejar de fumar: media/alta.
Dependencia física de la nicotina: baja.
Dependencia psicológica del tabaco: ALTA.

Siempre digo que el primer día que me dio por fumar un cigarro estaba mejor yéndome a donde estáis pensando. Fue mi primer gran error. La tontería de la inmadurez. Fui de las últimas en empezar a fumar de mi grupo de amigos en el que los fumadores ganamos por mayoría aplastante. Empecé con 18. Primero sólo cuando salía por la noche y después ya acompañando a los cafés de la tarde, de la mañana en la biblioteca y demás asuntos sociales. Más tarde ya instauré el hábito en mí y no necesité compañía para echar unas caladas.
Luego llega la etapa de negación de la dependencia: "yo controlo, fumo porque quiero y puedo dejarlo cuando quiera". Pero cuando haces el primer intento en serio de dejarlo, ves que no es así.

Dejarlo es "fácil". De hecho, ya lo dejé un montón de veces. Lo difícil es no recaer. Pero muy, muy difícil. Algún ex-fumador que conozco, después de llevar un montón de años sin fumar, me reconoce que en determinadas ocasiones siente apetencia por el tabaco y tiene que realizar por enésima vez un ejercicio de autocontrol para no estropear el trabajo realizado durante años.
Sería muy feliz si pudiera controlar el hecho de fumar sólo cuando tengo evento festivo. Pero no puedo. Así que tengo que plantearme el dejarlo del todo. Muy difícil. Los fumadores estamos totalmente condicionados, asociamos determinados momentos con el tabaco y la única manera de salir airosa al principio será cambiando mis rutinas cotidianas. Intentaré evitar los momentos cigarrillo.
Es una dura lucha entre el raciocinio y los instintos, todo dentro del mismo cerebro. Por consejo de mi icoach, he realizado un balance de motivación en el que escribo los pros y los contras del hecho de fumar o no hacerlo. Se podría resumir en mi caso en los siguiente:

Fumar No

  • Perjudicial para la salud (factor de riesgo para múltiples enfermedades circulatorias, cardiacas, respiratorias, cáncer; produce mal aliento; envejece la piel; amarillea los dientes; y un largo etcétera).
  • Gasto económico (a cuatro euros la cajetilla y subiendo, cada cual que eche sus cuentas).
  • Condicionamiento (estar papando frío en las terrazas por no poder fumar dentro de los bares).
  • Mal olor en la ropa.

Fumar Sí

  • Porque me gusta

¿Pues os podéis creer, que sólo el hecho de que me guste equilibra la balanza de los contras? Así funcionan las adicciones.

Lo que más me llamó la atención de los consejos que fui recibiendo es que el tabaco no relaja. La sensación de calma que podemos sentir cuando fumamos tiene dos causas, interrumpir el síndrome de abstinencia (si llevamos un rato sin echar un cigarro) o en algún caso, el hecho de hacer un paréntesis en nuestra actividad para dedicarnos unos minutos a nosotros mismos (cosa que deberíamos hacer sin necesidad de llevarnos un cigarrillo a la boca). Pero que sepáis, fumadores del mundo, que la nicotina es estimulante del sistema nervioso central.

Empezaré el reto esperando conseguirlo y no autoengañarme. Si lo consiguiera sería genial, tendría una sensación de autocontrol sobre mí misma que seguramente me aportaría infinita satisfacción. No quiero pensar en la posibilidad de no conseguirlo porque sería darme la primera excusa. Dicen que el truco es pensar en ir proponiéndose plazos cortos de tiempo, por ejemplo un día. Una vez que pases ese día, intentarlo con el siguiente y pensar en los logros alcanzados hasta el momento para no decaer. No conviene plantearse el no fumar nunca más porque ese pensamiento genera ansiedad y es limitante. Como véis, la lección la tengo bien aprendida, sólo me falta llevarlo a la práctica.

Os mantendré informados. El simple hecho comunicaros mis intenciones ya genera una responsabilidad en mí.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Bendita inocencia

Llegando a estas fechas de excesos de comida repetidos, quiero empezar con este vídeo que ya vi hace unos meses, está realizado por Acción contra el Hambre y forma parte de una campaña contra la desnutrición infantil: 


Deberíamos aprender...

El otro día volvía para casa en coche. Me paré en un paso de peatones que está a la salida de un cole. Uno de los niños que cruzaba de la mano de su mamá me saludó a la vez que me regalaba su mejor sonrisa. Lo hizo porque sí, no me conocía de nada. Me alegró el día con su espontaneidad. ¿Cuál es el momento de nuestro desarrollo en el que dejamos de hacer estas cosas?

Cuando iba a 3º o 4º de EGB, pertenecía junto con mis inseparables por aquel entonces, Mikel, Dimas y Jimena, al CEDN, un club ecologista creado por nosotros mismos. Recuerdo devorar libros didácticos sobre el medio ambiente, las especies en peligro de extinción, las medidas de ahorro energético y el agujero de la capa de ozono. Hacíamos carteles y cada uno en su entorno realizaba labor divulgativa sin saberlo ni pretenderlo siquiera. No recuerdo el día en el que desapareció, ni sé si fue de una manera paulatina. 

Hay ciertas bondades que son innatas en el ser humano, nos corrompemos después y no alcanzo a entender cómo ni por qué. En la edad adulta todos nos volvemos más egoistas, más desconfiados y más huraños. En principio es nuestra experiencia vital la que nos hace ser así, para poder competir, para sobrevivir en la exigente sociedad actual. 

Ahora que se aproxima la Navidad, le voy a pedir a Papá Noel que proteja los restos que me queden de mi etapa de niña. No es por un complejo de Peter Pan, de no querer madurar, hecho ante el cual no tengo el más mínimo problema. Es porque quiero salvaguardar la ilusión, confianza, curiosidad e inocencia que me puedan quedar. Quiero seguir aprendiendo, motivándome, creyendo en nuevos proyectos y por qué no, en algunas utopías. Quiero vivir mi vida así y avanzar con estas premisas. Quiero creer en la gente y qué mejor momento que estas fechas en las que todo el mundo se vuelca más en el prójimo sólo porque es Navidad. No quiero perder la ilusión del día de Reyes, ni quiero dejar de pedir que el año que viene sea por lo menos igual que los anteriores. Tampoco quiero dejar de agradecer la suerte que considero que tengo porque no me falta de nada.  

Termino con esta frase que me dio a conocer hace años, un amigo que ahora vive en las antípodas: 
Procura que el niño que fuiste no se avergüence nunca del adulto que eres. 
Es del libro "La Brújula interior" de Alex Rovira Celma.
No dejéis de aplicarla. FELICES FIESTAS.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

La vida en sepia

Siempre que vamos en grupo a una zona rural, ya sea más o menos recóndita, hay alguien que hace la misma afirmación "debe de ser un horror vivir aquí todo el año".
Bien, puede que la vida en la montaña o en cualquier pueblo pequeño sea más aburrida. Pero esto no lo podemos juzgar desde nuestro prisma, porque nosotros tenemos todas las comodidades del mundo. Hoy, no somos capaces de concebir la vida sin internet, ni teléfono móvil o setenta canales de televisión.
Muchas de las personas que viven en esas aldeas, no tienen la necesidad de tener ninguna de estas cosas. Es más, en algunos aspectos, llevan una vida mejor que la nuestra. No están sometidos a estrés, realizan sus labores diarias de manera constante pero sin renunciar a su siesta, ni a sentarse en un banco a charlar con sus vecinos, se alimentan mejor y respiran aire de mejor calidad.
Nosotros tenemos la capacidad de hablar con tropecientos amigos a la vez por Facebook, Twitter o email y enterarnos de toda la actualidad mundial casi a tiempo real, pero en cambio, no somos capaces de hablar en el ascensor de otro tema que no sea la meteorología. Tampoco podemos imaginarnos si nuestro vecino tiene necesidad de algún favor que para nosotros tendría fácil solución. Primero porque él no nos lo contaría y segundo porque nosotros no nos ofrecemos, el simple hecho de sugerirlo parece una locura hoy en día.
Paseando ayer, los troncos pelados llenos de líquenes, daban la sensación de que lo que teníamos ante los ojos fuera una estampa en sepia, inamovible. En mis ojos se quedó este filtro para seguir observando las relaciones interpersonales entre los habitantes del pueblo. Tuvimos la suerte de ver hasta una junta vecinal, allí reunidos en la plaza, debatían sobre la solución a un desplome de una pared del cementerio que cerraba la entrada a una finca. El sepia, nos transporta décadas atrás, da la sensación de antiguo y por ello abocado a desaparecer, no sin antes despertarnos cierto aire nostálgico.
Ya no queda gente joven, sólo una niña de 10 años. El resto, nietos de los moradores habituales se dejan caer en mayor o menor medida según los gustos, pero ya no se van a quedar porque crecieron en otro entorno. De todas maneras, son afortunados por haber vivido ese trato familiar con el resto de los vecinos.
Con lo cual, mi respuesta ante la afirmación "debe de ser un horror vivir aquí todo el año" es la siguiente, "no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita".

viernes, 25 de noviembre de 2011

Somníferoz

El despertador empezó a sonar a las 8:05. Fue en ese preciso momento cuando caí en la cuenta de que estaba soñando y me pareció que sólo hubieran pasado cinco minutos desde que me durmiera.
No me gustó despertarme porque mi sueño era bonito, me apetecía protestar como cuando me despertaba mi madre para ir al cole: "¡5 minutos más!".
Al instante, sólo recordaba un barullo de imágenes, pero la sensación latente era buena. Empecé el día de buen humor y cuando llevaba media hora funcionando apenas recordaba nada, aunque me quedó para acompañarme el resto del día ese regusto de dulzura.
Como buena Piscis (sí, ya lo sé, el horóscopo es una paparrucha sin ninguna base científica, pero me viene al pelo literario), siempre fui soñadora de ojos abiertos. La diferencia entre las ensoñaciones que se tienen despierta es que la mente viaja libre, pero una parte de ti siempre se queda anclada al suelo recordándote que estás despierta. Cuando se tienen sueños durmiendo, no hay sujección, las vivencias son reales hasta que te despiertas y por ello más intensas. El subconsciente te teletransporta a otra realidad paralela y surrealista en la que se mezclan las personas con situaciones y lugares que de ninguna otra manera podrían coincidir.
Por eso, intentaré acostarme hoy y todos los días posibles, con pensamientos positivos para que mi subconsciente siga elaborando historias felices y me aleje de las pesadillas feroces.



(La persistencia de la memoria. Dalí.) 


¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión, 
una sombra, una ficción, 
y el mayor bien es pequeño; 
que toda la vida es sueño, 
y los sueños, sueños son. 

(La vida es sueño. Calderón de La Barca)

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Inevitable

"Necesitas más horas al final del día", me dijo un amigo no hace mucho. "Y al principio del día también", le contesté yo. Tengo un problema. Me faltan horas y me sobra actividad. ¿Cómo solucionar esto? Pues lo veo difícil.
Toda mi santa vida viví hiperajetreada, con lo cual estoy acostumbrada a este ritmo de vida y más o menos lo llevo bien. Tengo mis momentos de estrés, pero los voy capeando. El caso es que todo se me apetece, tengo mil millones de ideas, proyectos y cosas que me gustaría hacer y muchas no las hago por falta de tiempo, aunque muchas otras sí. Pero siempre quiero hacer más. No os lo toméis a broma, no es necesario que sean todo compromisos laborales, también tengo compromisos de ocio y muchos además. Me diréis, "¡pues no quedes con tanta gente!" y os contesto, "¡pero si es que me apetece verla o me apetece ayudar en ese tema o en tal otro!".
En ocasiones, echo de menos algo de tiempo libre, de ése de no hacer nada, de estar relajadamente tirada a la bartola. Pero no lo soportaría si se me prolongara mucho. Sentiría que estoy perdiendo un montón de horas preciadas para hacer tantas cosas...El caso es que cuando lo tengo, me puede el tedio, no tengo término medio, así que mejor en movimiento.
Lo mismo me pasa de vacaciones, quiero andarlo todo y conocer sin parar, no entiendo el concepto de vacaciones en un resort, bueno, sí lo entiendo, pero no me convence. Meterte ocho o más horas de avión, estar en un país completamente diferente al tuyo, para no ir a empaparte de su cultura y tradiciones, se me escapa.
Llego a la conclusión de que necesito aprender lo que ahora se está poniendo tan de moda, el ritmo de vida slow. Todo lo hago a la carrera, hasta descansar, no sé si será demasiado tarde, pero creo que impera este aprendizaje. Organización.
Como dice una canción de Piratas "Inevitable, significa que no se puede parar".

lunes, 14 de noviembre de 2011

Medio lleno, por favor

Hoy os pongo el manifiesto del optimismo escrito por Don Eduard Punset. Lo podéis leer pinchando en el siguiente enlace:
http://www.eduardpunset.es/14815/general/nos-sobran-razones-para-pensar-en-un-futuro-mejor.

En estos tiempos que nos está tocando vivir, se respira actualmente un aire de pesimismo generalizado. Tenemos motivos de sobra para pensar que la solución es difícil, pero no podemos tirar la toalla. Y menos los jóvenes.

Emilio Duró, en una de sus conferencias, se pregunta por qué hay alguna gente que encuentra aparcamiento casi siempre con una facilidad pasmosa y otra que parece que nunca tuviera suerte. Bien, no es exactamente así, se trata del grado de optimismo o pesimismo con que cada persona percibe sus vivencias. Una persona optimista, lo primero, guarda en su memoria principalmente las veces que lo encontró rápido, no almacena las veces que tuvo que estar dando vueltas mucho tiempo, con lo cual se considera afortunado. Además, como es optimista y no pierde la esperanza, tiene la paciencia de dar más vueltas buscando sitio sin desesperarse.
En cambio un pesimista, ya va pensando que no va a encontrar sitio, lo más fácil estadísticamente hablando es que no lo vaya a encontrar a la primera ni a la puerta del sitio al que se dirija, por lo cual cuando esto ocurre, se frustra y refuerza su pensamiento negativo diciendo "¿Ves? si ya lo sabía yo, tendré que ir a meterlo al parking" y cesa en su empeño. En su memoria quedará impresa la sensación de fracaso que retroalimentará su percepción de que todo le sale mal.

La gente optimista es mucho más luchadora que la pesimista; un optimista emprende proyectos nuevos porque tiene el convencimiento de que le van a salir bien y un pesimista no suele intentar nada que se salga de la norma porque piensa que con lo desgraciado que es y la mala suerte que tiene, no le va a funcionar. Esto sigue reforzando mucho más sus sensaciones, porque el optimista como no ve nada imposible, prueba y a veces consigue triunfar. Un pesimista no conseguirá grandes logros porque básicamente ni siquiera intentará alcanzarlos.

Sabemos que la vida es dura y que ahora no estamos todo lo bien que deberíamos, pero no perdamos la esperanza, si no intentamos mejorar, no lo conseguiremos. La (buena) suerte se busca y se gana.





viernes, 11 de noviembre de 2011

Estrellas y estrellados

"Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas". Frase archiconocida de Sir Rabindranath Tagore, un escritor y filósofo indio, primer premio Nobel de Literatura de origen no europeo.
Como cualquier cita célebre, no hace falta darle vueltas para sacarle el jugo, en sí misma deja claro todo el significado y explicación posible.

A mí hoy me gustaría darle una vuelta de tuerca y deciros "que las estrellas no os impidan ver las lágrimas". Porque muchas veces cuando a título personal todo nos viene de cara y el viento sopla a favor, nos olvidamos de que posiblemente en nuestro entorno más cercano, hay mucha gente con problemas y pasándolo mal. Y en estos tiempos en los que el comportamiento general humano tiende más a la individualidad y menos al conjunto, se echa de menos un poco más de altruismo y de desprendimiento.
Cuando nuestra situación personal es buena, es cuando más útiles podemos resultar a los demás. No sobrevaloremos nunca la autosuficiencia de nadie, porque aunque yo me considere autosuficiente y poco dada a pedir ayuda, siempre agradeceré una mano tendida o un hombro arrimado. No creo que exista persona en el mundo a la que en ciertos momentos de dificultad, no le reconforte saber que tiene personas dispuestas a hacerle el camino más fácil de la manera que sea. Muchas veces una simple compañía silenciosa basta.

Si en vez de referirme a los intangibles, a las emociones, me centrara ahora en el plano material, sería aún más fácil de entender. Pensamos que estamos fatal con esto de la crisis y ciertamente hay mucha gente que lo está. Pero yo a mucha otra le diría que se parara a pensar un microsegundo en el Tercer Mundo para que rehiciera su escala de valores y relativizara. ¿No puedes salir a cenar todos los fines de semana? vaya por Dios, sí que es un dramón... No quiero ser demagógica con esto, sé que es un recurso muy manido, pero tan sólo pretendo invocar un poco de espíritu filántropo que a día de hoy sólo queda vivo entre la gente cooperante, los voluntarios y poco más. Tomemos al menos un poco de conciencia de las cosas que necesitamos, de las que no y sobre todo de cuáles son las que nos aportan la felicidad; para caer y recaer todas las veces que haga falta en que ésta última casi nunca viene de la mano de las cosas materiales, sino de los intangibles de los que antes os hablé.

Ejercitemos nuestro raciocinio y nuestra inteligencia emocional, que son nuestros factores diferenciadores con el mundo animal. No hagamos como las manadas de animales que abandonan a su suerte al individuo herido o viejo. Nosotros tenemos las herramientas para poder seguir avanzando a la vez que cuidamos de nuestros "heridos" y "débiles". Puede que la velocidad de crecimiento no sea tan rápida ni esté tan optimizada, pero será más sostenible. Nunca entenderé el afán actual de exprimir hasta la asfixia a la gallina de los huevos de oro. España es el cuarto país europeo por la cola, en el que mayores diferencias hay entre ricos y pobres en cuanto al estado de bienestar se refiere. Da qué pensar.

Cuanto mejor esté el individuo, mejor estará la comunidad y cuanto mejor esté la comunidad, mucho mejor estará el individuo. Seamos solidarios y cerremos el círculo todas las veces que esté en nuestra mano. En los cambios de actitud personales se fomentan los cambios de comportamiento sociales.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Contracorriente

Hoy, estuvimos de turismo rural y gastronómico en Ponga. A la vuelta, con la tripa bien repleta y la relajación posterior a una jornada en plena naturaleza y buena compañía, venía absorta por el paisaje. Pura montaña en todas las tonalidades posibles de naranjas y marrones propias de la estación.

La carretera, discurre un buen rato paralela al río que da nombre al concejo.

Lo primero que llamó mi atención, fue la cantidad de caudal que llevaba el río a pesar de estar tan cerca de su nacimiento, bajaba muy fuerte, como la mayoría de los ríos jóvenes. Lo siguiente que me hizo reflexionar fueron las pequeñas olas que se crean tras las piedras con las que tropieza el agua. Van contracorriente, pelendo contra las infinitas gotas de agua que siguen su curso "natural". Aparecen tras el obstáculo y pelean su batalla perdida, que será una batalla eterna, pero ellas no lo saben y siguen ilusionadas luchando incansablemente.

Estuve mirando para el río hasta que desembocó en el Sella y se hizo mucho más manso. Me gustaba más cuando era el Ponga y tenía las aguas bravas. Esas pequeñas olas ignorantes de su derrota eran las que le concedían la espectacular belleza al río.

Lo mismo pasa con la sociedad, en la variedad está el gusto, si todos fuésemos gotas mansas, la vida nos acabaría aburriendo y es demasiado corta como para desperdiciarla así. Sin obstáculos perderíamos el espíritu de lucha y el inconformismo, pero por favor, mucho cuidado con decirle a esas olas que no tienen nada que hacer, porque sin ideales ni sueños de victoria se rendirían y el río se volvería viejo, cansado y sin gracia cuando no le corresponde.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Tienda de Campaña (electoral)

Ya comenzó la tienda de campaña. Tienda porque todos hacen por venderse y de paso, vendernos la moto. De campaña porque es de lo que están, no en el sentido electoral, ni en el lúdico (que podría ser), sino en el militar.  Cada cual con su artillería pesada preparada para aniquilar al enemigo.
Y al resto de españolitos de a pie, nos quedan dos semanas llenas de eternas promesas incumplidas, descalificaciones, insolidaridad, mentiras y regodeos buscando el propio beneficio en la desgracia ajena...suena apetecible, ¿verdad?.
Podría dar datos más concretos sobre la enormidad de la lista de cosas que me ofenden de este periodo, pero lo dejo para más adelante, para cuando mi irritabilidad crezca más (que lo va a hacer), para cuando haya escuchado una suma de desfachateces tal que tenga que despacharme a gusto con la clase política de este país (y de otros vecinos).
Entre tanto, me manifiesto indecisa, como para muchas cosas en el transcurrir de la vida, no sé exactamente lo que quiero. Lo que sí tengo seguro es lo que no quiero.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cambio de aires, o no...

Tengo múltiple personalidad. Pero no os creáis que sólo la tengo yo, vosotros también. Aunque a mí cada vez me predomina más uno de mis alter ego y no os voy a decir cuál. Creo que podría ser capaz de citar una docena de adjetivos (buenos y malos) sobre mi personalidad que a su vez serían coincidentes con los que usarían mis amigos para describirme. Y esto es importante, y me reconforta además.
Hubo un tiempo en el que no lo tenía muy claro, de hecho me atrevería a decir que tardé en conocerme a fondo. Vivía muy desconectada de mis emociones y con esto no quiero decir que no sintiera -¡ni mucho menos!-, sino que no me permitía pararme a analizar cualquier sensación que me incomodara. Lo hacía precisamente para eso, para no incomodarme. Y seguía, y seguía, y seguía con mi ajetreada vida, hasta que colapsé. Entonces fue cuando empecé a escribir, a reflexionar y a abrirme un poco más. No es que yo sea introvertida, ni mucho menos, pero vamos a decir que tengo demasiada vida interior como para exteriorizar todo. Me imagino que a la mayoría nos pasa así.
En esas conversaciones descubrí diversas facetas de mi personalidad, según la gente con la que iba hablando, no porque no supiera que era así, sino porque me sorprendía a veces el concepto que se tenía de mí. Incluso alguna vez, comprobé que estaba totalmente equivocada.Y esto me da pie para empezar a hablaros de "El rol". Sí, el rol que desempeñamos según el grupo con el que nos relacionamos. Por ejemplo, una servidora, que no es la persona más tranquila del mundo precisamente, asumió muchas veces en grupos de colegio, facultad, postgrado, el papel de tranquila a la hora de los exámenes y por ello, mis amigos de estas redes académicas, tienen ese concepto de mí. No quiere decir que mi personalidad cambie, sólo fluctúa levemente y se va acomodando según el orden social y natural del grupo. Yo no soy tranquila, ni mucho menos, pero soy menos nerviosa que la mayoría de mis compañeros para determinadas situaciones.
La búsqueda de un cambio de rol, es el motivo por el cual mucha gente, después de una experiencia traumática o una mala racha, decide cambiar su lugar de residencia y empezar de cero. No es que su carácter vaya a cambiar, pero el cambio le facilitará una nueva red de amigos con los que podrá representar otro rol. Y con esto no quiero decir que no se vaya a comportar con sinceridad, pero partirá sin prejuicios, ni historia personal previa y esa persona se sentirá liberada.
No siempre es necesario cambiar de aires para "encontrarte a ti mismo". Si tienes varios grupos de amigos y eres capaz de comportarte con naturalidad, independientemente del papel que ocupes en cada grupo, también vale. Y lo digo porque es mi experiencia personal. Cuantos más espejos tengas para mirarte, más cerca estarás de conocerte, a veces cerrarse a mirar sólo hacia dentro no te da la imparcialidad necesaria.
En cada círculo que te muevas debes de encontrarte a gusto, que para eso estás con amigos, y dejar un poco de lado los miedos y los complejos. Si lo estás haciendo bien, no te importará mezclar grupos de amigos distintos ni hacerlos coincidir, porque significará que aunque cumplas distintos papeles entre ellos, con todos te estás comportando honestamente. Y la honestidad te traerá tranquilidad. Y la tranquilidad te hará feliz. Y yo, a pesar de los altibajos de la vida cotidiana, soy feliz.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Ser una naranja

Nos hicieron creer que el “gran amor”, sólo sucede una vez,
generalmente antes de los 30 años.
No nos contaron que el amor
no es accionado, ni llega en un momento determinado.
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros
es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido
cuando encontramos la otra mitad.
No nos contaron que ya nacemos enteros,
que nadie en nuestra vida merece
cargar en las espaldas
la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Las personas crecen a través de la gente.
Si estamos en buena compañía es más agradable.
Nos hicieron creer en una fórmula llamada "dos en uno":
dos personas pensando igual,
actuando igual...
que era eso lo que funcionaba!
No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación.
Que sólo siendo individuos con personalidad propia
podremos tener una relación saludable.
Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio
y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos.
Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados.
Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz,
la misma para todos, y los que escapan de ella
están condenados a la marginalidad.
No nos contaron que estas fórmulas
son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes,
y que podemos intentar otras alternativas.
Ah, tampoco nos dijeron que nadie
nos iba a decir todo esto: cada uno lo va a tener que descubrir solito.
Y entonces,
cuando estés “enamorado de ti mismo"
podrás ser feliz y te enamorarás de alguien.
Vivimos en un mundo
donde nos escondemos para hacer el amor
aunque la violencia se practica a plena luz del día.



John Lennon (1940-1980). 


Descubrí este texto la semana pasada en una cadena de Facebook. No lo conocía y me parece una genialidad, liberador, especialmente, la parte que os destaco en negrita. Porque sí, porque es verdad, crecemos a través de la gente, de las personas que nos vamos cruzando en el camino. La vida es un continuo aprendizaje, ya sea a través de experiencias positivas, absorbiendo ideales, razonamientos y sensaciones; o a través de experiencias negativas, que nos hacen escarmentar para futuras situaciones similares o nos enseñan a sobrellevar de la mejor manera posible los palos que a veces nos da la vida. 
Por otro lado, me siento identificada con este texto porque me parece imprescindible para cualquier relación interpersonal, ya sea familiar, de pareja o de amistad, que cada una de las partes implicadas mantengan su independencia individual para funcionar mejor. Una relación que funciona así, es sana y estará libre de reproches, sentimientos de anulación y resentimientos. No pasa nada si en un momento determinado, uno de los dos necesita hacer algo individualmente, se trata de ser una pareja, o sea, dos personas, no un ente bicéfalo digno de cualquier mitología. 
¿O acaso alguien es capaz de dudar del amor de John hacia Yoko?



jueves, 20 de octubre de 2011

El fondo del espejo del alma

Existen dos tipos de lenguaje, el verbal y el no verbal. El verbal puede ser sincero o no. El no verbal es más difícil que nos engañe. Yo me considero afortunada porque normalmente suelo tener facilidad para leer el último.

La clave en el lenguaje de los gestos, para mí, está en la mirada. Y esto no es nada nuevo. Una mirada puede estar llena de matices, los ojos son la ventana de un sinfín de estados de ánimo y sentimientos. Me gustan los ojos. Todos, sin discriminación.
Cuando conversas con algún amigo de cualquier cosa, ya sea trivial o solemne, entiendes la repercusión de lo que sea que se esté verbalizando en esa charla, sólo fijándote en las variaciones de los órganos de la vista. Muchas veces son casi imperceptibles, pero si el interlocutor está atento, siempre aparecen detalles reveladores.
Las miradas son las responsables de que, en la mayoría de las ocasiones, desarrollemos esa especie de sexto sentido que nos ayuda a crear las primeras impresiones. En cuestión de sólo unos minutos, te das cuenta de que nunca vas a congeniar con una persona, o por el contrario, te puede dar la sensación de que ya os conocéis y asumes muy rápidamente que ese nuevo amigo o amiga va a entrar en tu círculo de relaciones personales por el tiempo que le corresponda. Por supuesto, entre todo esto, existe una gran escala de grises.

Por si fuera poco con su capacidad de gesticulación, los ojos traen dos extras de serie, que son el brillo y las lágrimas. Ambos ya para emociones superlativas.
Cada individuo tiene su personalidad, y esta se reflejará en su forma de mirar habitual. Es de gran ayuda conocer la de la gente que te rodea para poder percibir posibles resplandores, o apagones eventuales (e inevitables), en el transcurrir de sus vidas.
Si me imagino a cualquiera de las personas de mi círculo cercano, reproduzco en mi memoria con facilidad, un montón de miradas asociadas a diferentes recuerdos, y cómo no, a diferentes emociones. Porque ya se sabe que cuando cualquier hecho va ligado a una emoción, es mucho más fácil de conservar. Y que cuanto más intensa haya sido dicha emoción, más tiempo permanecerá en nuestra memoria.

En situaciones de comodidad, de confianza, de franqueza, siempre miramos a los ojos; cuando algo nos intimida y nos hace sentir vulnerables, bajamos la mirada. Por eso la gente con la autoestima alta mira de frente, los tímidos o inseguros, hablan mirando a los pies y los mentirosos, se quedan a medio camino y miran torcido.


El paso del tiempo se encarga de poner a los ojos un marco según la historia personal de cada uno, hay gente que se arruga por el entrecejo de tanto haberse enfadado; a otros les salen bolsas y ojeras, que denotan preocupaciones o falta de descanso; y en cambio, hay personas a las que se les ponen dos soles llenos de rayos, de tanto reir.


Está claro que no soy la única, por supuesto, en meditar sobre esta relación ojos-alma. Es un tema muy recurrente, y por eso, os pongo a continuación esta selección de citas célebres relacionadas con el tema:

  • Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. (Proverbio árabe)
  • Las palabras está llenas de falsedad o arte; la mirada es el lenguaje del corazón. (William Shakespeare).
  • La fe engaña a los hombres, pero da brillo a la mirada. (Rabindranath Tagore).
  • El primer beso no se da con la boca, sino con la mirada. (Tristán Bernard). 
  • Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena. (Ingmar Bergman).
  • El alma que puede hablar con los ojos, también puede besar con la mirada. (Gustavo Adolfo Bécquer).
  • No todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven. (Bill Cosby).
  • El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados. (Albert Einstein).
  • En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz. (Víctor Hugo).
  • ¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?. (Groucho Marx).
  • Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada. (Antoine de Saint-Exupery).

Y mis elecciones personales para cerrar el tema, son:
Esta frase de la canción "Conocerte" de Second (uno de mis grupos fetiche), "Aún me queman los cruces de las miradas". Habla del comienzo de una relación, de provocar los encuentros, de la ansiedad del principio.


Y, por supuesto, Manolo García y su "Como quien da un refresco". "Tu mirada es la flecha que hiere el tiempo, que lo detiene, que lo hace eterno"..."Me detengo en las miradas..."
Es de esas canciones, que por muchas veces que la escuche, sé de buena tinta que siempre va a llegar a mis entrañas.

lunes, 17 de octubre de 2011

De cuando la guerra...

Esta semana, me causó un gran impacto esta historia de dos nonagenarios, amigos y antiguos combatientes de la guerra civil (¡en bandos distintos!).
Fue emitido en el programa Salvados, creo que en el 2009, y yo lo vi en una reposición de la Sexta 2.

Tengo una especial debilidad por esta generación, historia viviente. Porque quien más, quien menos, escuchó algún relato de la Guerra Civil contado por algún abuelo o abuela. Cada parte tiene su versión, cada individuo sus vivencias, y casi es ya una frase hecha el tópico de "una guerra civil es el peor tipo de guerra que pude haber" (como si hubiera alguno bueno).
Nuestros ancianos (siempre hablando de ancianísimos, de más de 90 o rondándolos) son de otra pasta (sigo tirando de tópicos), primero, por lo que les tocó vivir: necesidades, traiciones, hambruna, trágicas pérdidas familiares (ya fueran en combate, tras enfermar en la cárcel, o en un campo de concentración)... ; y en segundo lugar, porque la propia selección natural, se encargó de que hasta nuestros días, sólo llegaran los individuos genéticamente más fuertes, extremadamente fuertes yo diría si analizamos las dificultades que tuvieron que superar.
A veces pienso que los problemas de nuestra generación son un juego de niños al lado de lo que les tocó vivir. No sé si será así, el caso es que son de una índole bastante diferente.
Cuando coincido con alguno en mi trabajo, y me cuenta "batallitas" de su juventud, afloran en mí sentimientos de admiración y tiendo a autopreguntarme si yo hubiera sido capaz de soportar todo aquello. Pero está claro que ni mi educación, ni las comodidades que me rodean, ni la situación política y social que tuve la suerte de conocer desde que aparecí en este mundo, pueden ponerme en contexto.
Algún día os contaré alguna historia de las de mi abuela.

El caso es que esta historia es ejemplar, por la lección que dan ambos sobre capacidad de perdonar, de enterrar rencores y de convivir en armonía. Virtudes, que hoy en día, mucha gente tiene perdidas a pesar de enfrentarse a hechos infinitamente menos traumáticos y para nada comparables.

Den un fuerte aplauso y pónganse en pie, para recibir a ¡Fermín y Dalmacio!


viernes, 7 de octubre de 2011

Ir caminando a trabajar

Por motivos que no vienen al caso, llevo tres semanas sin coche y voy a trabajar caminando. Realmente, podría hacerlo siempre, pero cuando tengo el coche, me acomodo y acabo conduciendo.

Estos veinte días de paseos conmigo misma (aproximadamente diez minutos, cuatro veces al día), me están resultando sorprendentemente agradables, no sólo por el hecho de pasear en sí mismo, sino por la observación y el disfrute de diferentes situciones y sensaciones.

Cuando salgo por la mañana, me cruzo a los niños, que junto con sus papás y mamás, se dirigen hacia el cole. Analizo la obra de la genética, si van contentos o resignados (tanto los niños como los padres), los grupos que forman a la entrada de la escuela, los que tienen gimnasia a primera o lo grandes que son algunas mochilas, y recuerdo lo que pesaba la mía.

Avanzo un poco más y llego a un parque, el cual tengo que cruzar. En este parque me encuentro diferentes escenas, según la hora del día. Por la mañana, veo a las amas de casa y a los jubilados realizando su tabla de ejercicios diarios en los aparatos de gerontogimnasia. Siempre consiguen arrancarme una sonrisa sin proponérselo, me encanta verlos ejercitarse mientras cotorrean. A mediodía, todo es mucho más variado, gente que viene de hacer la compra, grupos de adolescentes que salen del instituto, parejas sentadas en bancos. Muchos días, hay un gaitero ensayando y paso ganas de sentarme a escucharlo. Por la noche, lo más habitual es cruzarte con gente que saca a su perro, y con perros que sacan a sus amos, acompañados todos ellos por una banda sonora de sevillanas que sale de la caseta de la asociación de vecinos.
Un día, mientras iba por el parque en dirección a mi casa, a  la hora de comer, vi a una señora que se caía y corrí a ayudarla a levantarse, la acompañé a un banco, estaba como desorientada y no era muy mayor, le pregunté dónde iba y le indiqué. Me dio las gracias de forma sincera, y a pesar de que me quedé preocupada, me sentí bien egoistamente por haber hecho la buena obra del día.

Todos los días, en los dos paseos de ida al trabajo, me cruzo a un chico en el parque, él también va a trabajar, los dos tenemos el mismo horario partido que parece que no te deja tiempo a hacer nada más, ni siquiera a darte cuenta de que las semanas pasan volando. Va cabizbajo, con los auriculares puestos y caminado rápido, da zancadas muy largas y lleva una carpeta debajo del brazo. ¿En qué trabajará?

Los días que mejor lo paso son los que hace sol, porque aunque vaya a pasar todo el día metida en el trabajo, su luz me da una energía que hace que me crezca y piense que no habrá nada que pueda conmigo jamás. ¡Y encima hizo calor! así que placer añadido, la combinación de piernas al aire y pies calzando chanclas, siempre hace que el caminar sea más agradable.

Pero hoy está lloviendo, el otoño ya ha llegado y nos queda todo el invierno. Prefiero mil veces el verano, pero no es por el calor, es por la luz. Espero haber captado suficientes rayos solares para poder pasar la hibernación sin dificultades, hasta que el nuevo tiempo de chanclas vuelva a hacer acto de presencia. O hasta que recuerde otra vez que caminar bajo la lluvia también es un pequeño placer cotidiano.

Aurea Mediocritas. Horacio

Vivirás mejor, Licinio, si no te adentras
siempre en alta mar ni, por miedo a las tormentas,te aproximas demasiado a la costa.
Los que prefieren la mediocridad dorada
encontrarán abrigo y se hallarán a salvo
del precario techo en ruinas y de la envidia de los salones.
Al pino muy alto el viento lo sacude más;
la torre elevada se derrumba con estruendo;
el rayo alcanza las cumbres más altas de las montañas.
En los desastres, el carácter bien dispuesto espera,
y en la bonanza se prepara para el cambio de suerte.
Es natural que un inverno duro llegue y se vaya.
Lo malo no perdura.
Apolo tensa unas veces el arco de la guerra,
pero otras empuña su cítara para despertar a la música.
Sé valiente y alegre en la adversidad,
pero cuando el viento sopla demasiado favorable
el sabio se apresta a recoger las velas.



Éste fue uno de los descubrimientos de esta semana, gracias a P.S.P por descubrírmela y gracias por compartir lo que tú has tomado como filosofía de vida. Nuestras charlas siempre son muy agradables y enriquecedoras. 


No todo el mundo vale para ser mediocre...¿cabeza de ratón o cola de león?; cuanto más alto, más dura será la caída; sin riesgo no hay gloria; de valientes está el cementerio lleno...hay opiniones para todos los gustos. Pero lo que a mí me llama más la atención, es que este señor, Horacio, es el mismo del famosísimo "carpe diem" que todos, alguna vez en nuestras vidas, intentamos tomar o aconsejamos hacer. ¿No están un poco reñidas ambas cosas?


Primera entrada del nuevo blog, en el que pienso compartir todo aquello que me llame la atención, que me haga aprender o reflexionar o que simplemente, me guste. El objetivo de este blog, mucho más personal, es ir almacenando sin más, vivencias, textos, canciones, fotografías ..., que por algún motivo, determinado o no, me despierten alguna emoción.