Dice Saramago algo parecido a que un hijo es un regalo que la naturaleza nos presta durante unos años para obligarnos a crecer personalmente, para llenarnos de alegría de la cabeza a los pies. Dice también que trae algunas preocupaciones, que además no se irán, que han llegado con él para quedarse aun cuando se termine el período de préstamo. Y explica que los hijos no nos pertenecen, le pertenecen a la vida y a sus sueños, y eso les debemos hacer entender por más que no quisiéramos despegarnos de ellos jamás.
Felices dos años mi amor, nos llenas de intensidad la vida, nos haces sentir que siempre estabas ahí incluso antes de saber que queríamos que estuvieras.
Gracias por llenarme las entrañas hasta hacerme vivir con el pecho inflado como un globo a punto de estallar. Gracias por obligarme a desaprender superficialidades adquiridas (y necesarias) entre los quince y los treinta y hacerme reencontrarme con mi yo original. Gracias por reactivar mi lado más comprometido, quiero que tu mundo sea mejor que el mío y por eso pelearé lo vaya a conseguir o no. No cesaré. Gracias por hacerme entender muchas cosas de mi infancia que yo ya pensaba entendidas. Gracias por conectarme aún más con mis padres y mi hermana. Prometo intentar no fallarte, me voy a equivocar muchas veces pero ninguna será con intención, mereces todos los felizaños que yo llevo vividos multiplicados por cien, o por mil. En nosotros (Papiti y Mamiti), siempre tendrás tu refugio y tu impulso incondicionales.
Gracias por llenarme las entrañas hasta hacerme vivir con el pecho inflado como un globo a punto de estallar. Gracias por obligarme a desaprender superficialidades adquiridas (y necesarias) entre los quince y los treinta y hacerme reencontrarme con mi yo original. Gracias por reactivar mi lado más comprometido, quiero que tu mundo sea mejor que el mío y por eso pelearé lo vaya a conseguir o no. No cesaré. Gracias por hacerme entender muchas cosas de mi infancia que yo ya pensaba entendidas. Gracias por conectarme aún más con mis padres y mi hermana. Prometo intentar no fallarte, me voy a equivocar muchas veces pero ninguna será con intención, mereces todos los felizaños que yo llevo vividos multiplicados por cien, o por mil. En nosotros (Papiti y Mamiti), siempre tendrás tu refugio y tu impulso incondicionales.
Yo ahora ya sé lo que es el alma y su nombre de pila empieza por Pe... y acaba por -layo.