viernes, 25 de noviembre de 2011

Somníferoz

El despertador empezó a sonar a las 8:05. Fue en ese preciso momento cuando caí en la cuenta de que estaba soñando y me pareció que sólo hubieran pasado cinco minutos desde que me durmiera.
No me gustó despertarme porque mi sueño era bonito, me apetecía protestar como cuando me despertaba mi madre para ir al cole: "¡5 minutos más!".
Al instante, sólo recordaba un barullo de imágenes, pero la sensación latente era buena. Empecé el día de buen humor y cuando llevaba media hora funcionando apenas recordaba nada, aunque me quedó para acompañarme el resto del día ese regusto de dulzura.
Como buena Piscis (sí, ya lo sé, el horóscopo es una paparrucha sin ninguna base científica, pero me viene al pelo literario), siempre fui soñadora de ojos abiertos. La diferencia entre las ensoñaciones que se tienen despierta es que la mente viaja libre, pero una parte de ti siempre se queda anclada al suelo recordándote que estás despierta. Cuando se tienen sueños durmiendo, no hay sujección, las vivencias son reales hasta que te despiertas y por ello más intensas. El subconsciente te teletransporta a otra realidad paralela y surrealista en la que se mezclan las personas con situaciones y lugares que de ninguna otra manera podrían coincidir.
Por eso, intentaré acostarme hoy y todos los días posibles, con pensamientos positivos para que mi subconsciente siga elaborando historias felices y me aleje de las pesadillas feroces.



(La persistencia de la memoria. Dalí.) 


¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión, 
una sombra, una ficción, 
y el mayor bien es pequeño; 
que toda la vida es sueño, 
y los sueños, sueños son. 

(La vida es sueño. Calderón de La Barca)

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Inevitable

"Necesitas más horas al final del día", me dijo un amigo no hace mucho. "Y al principio del día también", le contesté yo. Tengo un problema. Me faltan horas y me sobra actividad. ¿Cómo solucionar esto? Pues lo veo difícil.
Toda mi santa vida viví hiperajetreada, con lo cual estoy acostumbrada a este ritmo de vida y más o menos lo llevo bien. Tengo mis momentos de estrés, pero los voy capeando. El caso es que todo se me apetece, tengo mil millones de ideas, proyectos y cosas que me gustaría hacer y muchas no las hago por falta de tiempo, aunque muchas otras sí. Pero siempre quiero hacer más. No os lo toméis a broma, no es necesario que sean todo compromisos laborales, también tengo compromisos de ocio y muchos además. Me diréis, "¡pues no quedes con tanta gente!" y os contesto, "¡pero si es que me apetece verla o me apetece ayudar en ese tema o en tal otro!".
En ocasiones, echo de menos algo de tiempo libre, de ése de no hacer nada, de estar relajadamente tirada a la bartola. Pero no lo soportaría si se me prolongara mucho. Sentiría que estoy perdiendo un montón de horas preciadas para hacer tantas cosas...El caso es que cuando lo tengo, me puede el tedio, no tengo término medio, así que mejor en movimiento.
Lo mismo me pasa de vacaciones, quiero andarlo todo y conocer sin parar, no entiendo el concepto de vacaciones en un resort, bueno, sí lo entiendo, pero no me convence. Meterte ocho o más horas de avión, estar en un país completamente diferente al tuyo, para no ir a empaparte de su cultura y tradiciones, se me escapa.
Llego a la conclusión de que necesito aprender lo que ahora se está poniendo tan de moda, el ritmo de vida slow. Todo lo hago a la carrera, hasta descansar, no sé si será demasiado tarde, pero creo que impera este aprendizaje. Organización.
Como dice una canción de Piratas "Inevitable, significa que no se puede parar".

lunes, 14 de noviembre de 2011

Medio lleno, por favor

Hoy os pongo el manifiesto del optimismo escrito por Don Eduard Punset. Lo podéis leer pinchando en el siguiente enlace:
http://www.eduardpunset.es/14815/general/nos-sobran-razones-para-pensar-en-un-futuro-mejor.

En estos tiempos que nos está tocando vivir, se respira actualmente un aire de pesimismo generalizado. Tenemos motivos de sobra para pensar que la solución es difícil, pero no podemos tirar la toalla. Y menos los jóvenes.

Emilio Duró, en una de sus conferencias, se pregunta por qué hay alguna gente que encuentra aparcamiento casi siempre con una facilidad pasmosa y otra que parece que nunca tuviera suerte. Bien, no es exactamente así, se trata del grado de optimismo o pesimismo con que cada persona percibe sus vivencias. Una persona optimista, lo primero, guarda en su memoria principalmente las veces que lo encontró rápido, no almacena las veces que tuvo que estar dando vueltas mucho tiempo, con lo cual se considera afortunado. Además, como es optimista y no pierde la esperanza, tiene la paciencia de dar más vueltas buscando sitio sin desesperarse.
En cambio un pesimista, ya va pensando que no va a encontrar sitio, lo más fácil estadísticamente hablando es que no lo vaya a encontrar a la primera ni a la puerta del sitio al que se dirija, por lo cual cuando esto ocurre, se frustra y refuerza su pensamiento negativo diciendo "¿Ves? si ya lo sabía yo, tendré que ir a meterlo al parking" y cesa en su empeño. En su memoria quedará impresa la sensación de fracaso que retroalimentará su percepción de que todo le sale mal.

La gente optimista es mucho más luchadora que la pesimista; un optimista emprende proyectos nuevos porque tiene el convencimiento de que le van a salir bien y un pesimista no suele intentar nada que se salga de la norma porque piensa que con lo desgraciado que es y la mala suerte que tiene, no le va a funcionar. Esto sigue reforzando mucho más sus sensaciones, porque el optimista como no ve nada imposible, prueba y a veces consigue triunfar. Un pesimista no conseguirá grandes logros porque básicamente ni siquiera intentará alcanzarlos.

Sabemos que la vida es dura y que ahora no estamos todo lo bien que deberíamos, pero no perdamos la esperanza, si no intentamos mejorar, no lo conseguiremos. La (buena) suerte se busca y se gana.





viernes, 11 de noviembre de 2011

Estrellas y estrellados

"Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas". Frase archiconocida de Sir Rabindranath Tagore, un escritor y filósofo indio, primer premio Nobel de Literatura de origen no europeo.
Como cualquier cita célebre, no hace falta darle vueltas para sacarle el jugo, en sí misma deja claro todo el significado y explicación posible.

A mí hoy me gustaría darle una vuelta de tuerca y deciros "que las estrellas no os impidan ver las lágrimas". Porque muchas veces cuando a título personal todo nos viene de cara y el viento sopla a favor, nos olvidamos de que posiblemente en nuestro entorno más cercano, hay mucha gente con problemas y pasándolo mal. Y en estos tiempos en los que el comportamiento general humano tiende más a la individualidad y menos al conjunto, se echa de menos un poco más de altruismo y de desprendimiento.
Cuando nuestra situación personal es buena, es cuando más útiles podemos resultar a los demás. No sobrevaloremos nunca la autosuficiencia de nadie, porque aunque yo me considere autosuficiente y poco dada a pedir ayuda, siempre agradeceré una mano tendida o un hombro arrimado. No creo que exista persona en el mundo a la que en ciertos momentos de dificultad, no le reconforte saber que tiene personas dispuestas a hacerle el camino más fácil de la manera que sea. Muchas veces una simple compañía silenciosa basta.

Si en vez de referirme a los intangibles, a las emociones, me centrara ahora en el plano material, sería aún más fácil de entender. Pensamos que estamos fatal con esto de la crisis y ciertamente hay mucha gente que lo está. Pero yo a mucha otra le diría que se parara a pensar un microsegundo en el Tercer Mundo para que rehiciera su escala de valores y relativizara. ¿No puedes salir a cenar todos los fines de semana? vaya por Dios, sí que es un dramón... No quiero ser demagógica con esto, sé que es un recurso muy manido, pero tan sólo pretendo invocar un poco de espíritu filántropo que a día de hoy sólo queda vivo entre la gente cooperante, los voluntarios y poco más. Tomemos al menos un poco de conciencia de las cosas que necesitamos, de las que no y sobre todo de cuáles son las que nos aportan la felicidad; para caer y recaer todas las veces que haga falta en que ésta última casi nunca viene de la mano de las cosas materiales, sino de los intangibles de los que antes os hablé.

Ejercitemos nuestro raciocinio y nuestra inteligencia emocional, que son nuestros factores diferenciadores con el mundo animal. No hagamos como las manadas de animales que abandonan a su suerte al individuo herido o viejo. Nosotros tenemos las herramientas para poder seguir avanzando a la vez que cuidamos de nuestros "heridos" y "débiles". Puede que la velocidad de crecimiento no sea tan rápida ni esté tan optimizada, pero será más sostenible. Nunca entenderé el afán actual de exprimir hasta la asfixia a la gallina de los huevos de oro. España es el cuarto país europeo por la cola, en el que mayores diferencias hay entre ricos y pobres en cuanto al estado de bienestar se refiere. Da qué pensar.

Cuanto mejor esté el individuo, mejor estará la comunidad y cuanto mejor esté la comunidad, mucho mejor estará el individuo. Seamos solidarios y cerremos el círculo todas las veces que esté en nuestra mano. En los cambios de actitud personales se fomentan los cambios de comportamiento sociales.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Contracorriente

Hoy, estuvimos de turismo rural y gastronómico en Ponga. A la vuelta, con la tripa bien repleta y la relajación posterior a una jornada en plena naturaleza y buena compañía, venía absorta por el paisaje. Pura montaña en todas las tonalidades posibles de naranjas y marrones propias de la estación.

La carretera, discurre un buen rato paralela al río que da nombre al concejo.

Lo primero que llamó mi atención, fue la cantidad de caudal que llevaba el río a pesar de estar tan cerca de su nacimiento, bajaba muy fuerte, como la mayoría de los ríos jóvenes. Lo siguiente que me hizo reflexionar fueron las pequeñas olas que se crean tras las piedras con las que tropieza el agua. Van contracorriente, pelendo contra las infinitas gotas de agua que siguen su curso "natural". Aparecen tras el obstáculo y pelean su batalla perdida, que será una batalla eterna, pero ellas no lo saben y siguen ilusionadas luchando incansablemente.

Estuve mirando para el río hasta que desembocó en el Sella y se hizo mucho más manso. Me gustaba más cuando era el Ponga y tenía las aguas bravas. Esas pequeñas olas ignorantes de su derrota eran las que le concedían la espectacular belleza al río.

Lo mismo pasa con la sociedad, en la variedad está el gusto, si todos fuésemos gotas mansas, la vida nos acabaría aburriendo y es demasiado corta como para desperdiciarla así. Sin obstáculos perderíamos el espíritu de lucha y el inconformismo, pero por favor, mucho cuidado con decirle a esas olas que no tienen nada que hacer, porque sin ideales ni sueños de victoria se rendirían y el río se volvería viejo, cansado y sin gracia cuando no le corresponde.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Tienda de Campaña (electoral)

Ya comenzó la tienda de campaña. Tienda porque todos hacen por venderse y de paso, vendernos la moto. De campaña porque es de lo que están, no en el sentido electoral, ni en el lúdico (que podría ser), sino en el militar.  Cada cual con su artillería pesada preparada para aniquilar al enemigo.
Y al resto de españolitos de a pie, nos quedan dos semanas llenas de eternas promesas incumplidas, descalificaciones, insolidaridad, mentiras y regodeos buscando el propio beneficio en la desgracia ajena...suena apetecible, ¿verdad?.
Podría dar datos más concretos sobre la enormidad de la lista de cosas que me ofenden de este periodo, pero lo dejo para más adelante, para cuando mi irritabilidad crezca más (que lo va a hacer), para cuando haya escuchado una suma de desfachateces tal que tenga que despacharme a gusto con la clase política de este país (y de otros vecinos).
Entre tanto, me manifiesto indecisa, como para muchas cosas en el transcurrir de la vida, no sé exactamente lo que quiero. Lo que sí tengo seguro es lo que no quiero.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cambio de aires, o no...

Tengo múltiple personalidad. Pero no os creáis que sólo la tengo yo, vosotros también. Aunque a mí cada vez me predomina más uno de mis alter ego y no os voy a decir cuál. Creo que podría ser capaz de citar una docena de adjetivos (buenos y malos) sobre mi personalidad que a su vez serían coincidentes con los que usarían mis amigos para describirme. Y esto es importante, y me reconforta además.
Hubo un tiempo en el que no lo tenía muy claro, de hecho me atrevería a decir que tardé en conocerme a fondo. Vivía muy desconectada de mis emociones y con esto no quiero decir que no sintiera -¡ni mucho menos!-, sino que no me permitía pararme a analizar cualquier sensación que me incomodara. Lo hacía precisamente para eso, para no incomodarme. Y seguía, y seguía, y seguía con mi ajetreada vida, hasta que colapsé. Entonces fue cuando empecé a escribir, a reflexionar y a abrirme un poco más. No es que yo sea introvertida, ni mucho menos, pero vamos a decir que tengo demasiada vida interior como para exteriorizar todo. Me imagino que a la mayoría nos pasa así.
En esas conversaciones descubrí diversas facetas de mi personalidad, según la gente con la que iba hablando, no porque no supiera que era así, sino porque me sorprendía a veces el concepto que se tenía de mí. Incluso alguna vez, comprobé que estaba totalmente equivocada.Y esto me da pie para empezar a hablaros de "El rol". Sí, el rol que desempeñamos según el grupo con el que nos relacionamos. Por ejemplo, una servidora, que no es la persona más tranquila del mundo precisamente, asumió muchas veces en grupos de colegio, facultad, postgrado, el papel de tranquila a la hora de los exámenes y por ello, mis amigos de estas redes académicas, tienen ese concepto de mí. No quiere decir que mi personalidad cambie, sólo fluctúa levemente y se va acomodando según el orden social y natural del grupo. Yo no soy tranquila, ni mucho menos, pero soy menos nerviosa que la mayoría de mis compañeros para determinadas situaciones.
La búsqueda de un cambio de rol, es el motivo por el cual mucha gente, después de una experiencia traumática o una mala racha, decide cambiar su lugar de residencia y empezar de cero. No es que su carácter vaya a cambiar, pero el cambio le facilitará una nueva red de amigos con los que podrá representar otro rol. Y con esto no quiero decir que no se vaya a comportar con sinceridad, pero partirá sin prejuicios, ni historia personal previa y esa persona se sentirá liberada.
No siempre es necesario cambiar de aires para "encontrarte a ti mismo". Si tienes varios grupos de amigos y eres capaz de comportarte con naturalidad, independientemente del papel que ocupes en cada grupo, también vale. Y lo digo porque es mi experiencia personal. Cuantos más espejos tengas para mirarte, más cerca estarás de conocerte, a veces cerrarse a mirar sólo hacia dentro no te da la imparcialidad necesaria.
En cada círculo que te muevas debes de encontrarte a gusto, que para eso estás con amigos, y dejar un poco de lado los miedos y los complejos. Si lo estás haciendo bien, no te importará mezclar grupos de amigos distintos ni hacerlos coincidir, porque significará que aunque cumplas distintos papeles entre ellos, con todos te estás comportando honestamente. Y la honestidad te traerá tranquilidad. Y la tranquilidad te hará feliz. Y yo, a pesar de los altibajos de la vida cotidiana, soy feliz.