Llegando a estas fechas de excesos de comida repetidos, quiero empezar con este vídeo que ya vi hace unos meses, está realizado por Acción contra el Hambre y forma parte de una campaña contra la desnutrición infantil:
Deberíamos aprender...
Cuando iba a 3º o 4º de EGB, pertenecía junto con mis inseparables por aquel entonces, Mikel, Dimas y Jimena, al CEDN, un club ecologista creado por nosotros mismos. Recuerdo devorar libros didácticos sobre el medio ambiente, las especies en peligro de extinción, las medidas de ahorro energético y el agujero de la capa de ozono. Hacíamos carteles y cada uno en su entorno realizaba labor divulgativa sin saberlo ni pretenderlo siquiera. No recuerdo el día en el que desapareció, ni sé si fue de una manera paulatina.
Hay ciertas bondades que son innatas en el ser humano, nos corrompemos después y no alcanzo a entender cómo ni por qué. En la edad adulta todos nos volvemos más egoistas, más desconfiados y más huraños. En principio es nuestra experiencia vital la que nos hace ser así, para poder competir, para sobrevivir en la exigente sociedad actual.
Ahora que se aproxima la Navidad, le voy a pedir a Papá Noel que proteja los restos que me queden de mi etapa de niña. No es por un complejo de Peter Pan, de no querer madurar, hecho ante el cual no tengo el más mínimo problema. Es porque quiero salvaguardar la ilusión, confianza, curiosidad e inocencia que me puedan quedar. Quiero seguir aprendiendo, motivándome, creyendo en nuevos proyectos y por qué no, en algunas utopías. Quiero vivir mi vida así y avanzar con estas premisas. Quiero creer en la gente y qué mejor momento que estas fechas en las que todo el mundo se vuelca más en el prójimo sólo porque es Navidad. No quiero perder la ilusión del día de Reyes, ni quiero dejar de pedir que el año que viene sea por lo menos igual que los anteriores. Tampoco quiero dejar de agradecer la suerte que considero que tengo porque no me falta de nada.
Termino con esta frase que me dio a conocer hace años, un amigo que ahora vive en las antípodas:
Procura que el niño que fuiste no se avergüence nunca del adulto que eres.
Es del libro "La Brújula interior" de Alex Rovira Celma.
No dejéis de aplicarla. FELICES FIESTAS.
Qué te voy a decir... q no, no hay que perder esa inocencia. Eso es lo q hace el dia a dia más bonito.
ResponderEliminarUn besaco
Yo tardé un poco más...en 1º de BUP recogía firmas con María Castro contra las matanzas de focas en Canadá :)
ResponderEliminarPara mi una de las razones, de esa pérdida de frescura y utopía, de la creencia en que podemos cambiar algo de las cosas que no nos gustan, se derivan cambio de escala vital, del ambito global al que pensamos que nos tenemos que enfrentar para conseguir cambios.
Más ahora, cuando todos los días el cine, los periódicos, los libros, nos desentrañan los flujos putrefactos del sistema político-financiero (y lo que no nos dicen claramente, que es poco, nos lo podemos imaginar perfectamente) perdemos la capacidad de ver las cosas a pequeña escala (un niño conoce sólo dos o 3 casas, el cole, el parque) y yo creo que, salvo a mentes especialmente dotadas y activas, al resto es lo que nos paraliza para el cambio, para ese altruismo y esa utopía que tuvimos en algún momento.
Y luego están las relaciones personales...el cuándo pasamos a poner candados...eso daría para otro post, y ya estoy siendo muy pesada.
Un besote Peke