La clave en el lenguaje de los gestos, para mí, está en la mirada. Y esto no es nada nuevo. Una mirada puede estar llena de matices, los ojos son la ventana de un sinfín de estados de ánimo y sentimientos. Me gustan los ojos. Todos, sin discriminación.
Cuando conversas con algún amigo de cualquier cosa, ya sea trivial o solemne, entiendes la repercusión de lo que sea que se esté verbalizando en esa charla, sólo fijándote en las variaciones de los órganos de la vista. Muchas veces son casi imperceptibles, pero si el interlocutor está atento, siempre aparecen detalles reveladores.
Las miradas son las responsables de que, en la mayoría de las ocasiones, desarrollemos esa especie de sexto sentido que nos ayuda a crear las primeras impresiones. En cuestión de sólo unos minutos, te das cuenta de que nunca vas a congeniar con una persona, o por el contrario, te puede dar la sensación de que ya os conocéis y asumes muy rápidamente que ese nuevo amigo o amiga va a entrar en tu círculo de relaciones personales por el tiempo que le corresponda. Por supuesto, entre todo esto, existe una gran escala de grises.
Por si fuera poco con su capacidad de gesticulación, los ojos traen dos extras de serie, que son el brillo y las lágrimas. Ambos ya para emociones superlativas.
Cada individuo tiene su personalidad, y esta se reflejará en su forma de mirar habitual. Es de gran ayuda conocer la de la gente que te rodea para poder percibir posibles resplandores, o apagones eventuales (e inevitables), en el transcurrir de sus vidas.
Si me imagino a cualquiera de las personas de mi círculo cercano, reproduzco en mi memoria con facilidad, un montón de miradas asociadas a diferentes recuerdos, y cómo no, a diferentes emociones. Porque ya se sabe que cuando cualquier hecho va ligado a una emoción, es mucho más fácil de conservar. Y que cuanto más intensa haya sido dicha emoción, más tiempo permanecerá en nuestra memoria.
En situaciones de comodidad, de confianza, de franqueza, siempre miramos a los ojos; cuando algo nos intimida y nos hace sentir vulnerables, bajamos la mirada. Por eso la gente con la autoestima alta mira de frente, los tímidos o inseguros, hablan mirando a los pies y los mentirosos, se quedan a medio camino y miran torcido.
El paso del tiempo se encarga de poner a los ojos un marco según la historia personal de cada uno, hay gente que se arruga por el entrecejo de tanto haberse enfadado; a otros les salen bolsas y ojeras, que denotan preocupaciones o falta de descanso; y en cambio, hay personas a las que se les ponen dos soles llenos de rayos, de tanto reir.
Está claro que no soy la única, por supuesto, en meditar sobre esta relación ojos-alma. Es un tema muy recurrente, y por eso, os pongo a continuación esta selección de citas célebres relacionadas con el tema:
- Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. (Proverbio árabe)
- Las palabras está llenas de falsedad o arte; la mirada es el lenguaje del corazón. (William Shakespeare).
- La fe engaña a los hombres, pero da brillo a la mirada. (Rabindranath Tagore).
- El primer beso no se da con la boca, sino con la mirada. (Tristán Bernard).
- Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena. (Ingmar Bergman).
- El alma que puede hablar con los ojos, también puede besar con la mirada. (Gustavo Adolfo Bécquer).
- No todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven. (Bill Cosby).
- El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados. (Albert Einstein).
- En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz. (Víctor Hugo).
- ¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?. (Groucho Marx).
- Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada. (Antoine de Saint-Exupery).
Y mis elecciones personales para cerrar el tema, son:
Esta frase de la canción "Conocerte" de Second (uno de mis grupos fetiche), "Aún me queman los cruces de las miradas". Habla del comienzo de una relación, de provocar los encuentros, de la ansiedad del principio.
Y, por supuesto, Manolo García y su "Como quien da un refresco". "Tu mirada es la flecha que hiere el tiempo, que lo detiene, que lo hace eterno"..."Me detengo en las miradas..."
Es de esas canciones, que por muchas veces que la escuche, sé de buena tinta que siempre va a llegar a mis entrañas.
Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, sobre todo, en lo de las primeras impresiones. Me gusta un montón tu blog, espero que no te canses de escribir y podamos seguir disfrutando de tus reflexiones. Con cada entrada nos dejas conocerte un poco más. Gracias por permitírnoslo!!! ;)
ResponderEliminarPlay
Gracias Play, me alegra que te guste. Ya tengo otra entrada preparada, lista, ya. Pero no quiero soltarlas todas tan rápido que si no, os colapso de tanta chapa! :)
ResponderEliminarA ver si me dura esta productividad mucho tiempo.
esperemos que te dure que me entretiene leerte ;)
ResponderEliminarGracias Jose, esperemos que siga productiva mucho tiempo. ;)
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