miércoles, 26 de octubre de 2011

Ser una naranja

Nos hicieron creer que el “gran amor”, sólo sucede una vez,
generalmente antes de los 30 años.
No nos contaron que el amor
no es accionado, ni llega en un momento determinado.
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros
es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido
cuando encontramos la otra mitad.
No nos contaron que ya nacemos enteros,
que nadie en nuestra vida merece
cargar en las espaldas
la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Las personas crecen a través de la gente.
Si estamos en buena compañía es más agradable.
Nos hicieron creer en una fórmula llamada "dos en uno":
dos personas pensando igual,
actuando igual...
que era eso lo que funcionaba!
No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación.
Que sólo siendo individuos con personalidad propia
podremos tener una relación saludable.
Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio
y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos.
Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados.
Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz,
la misma para todos, y los que escapan de ella
están condenados a la marginalidad.
No nos contaron que estas fórmulas
son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes,
y que podemos intentar otras alternativas.
Ah, tampoco nos dijeron que nadie
nos iba a decir todo esto: cada uno lo va a tener que descubrir solito.
Y entonces,
cuando estés “enamorado de ti mismo"
podrás ser feliz y te enamorarás de alguien.
Vivimos en un mundo
donde nos escondemos para hacer el amor
aunque la violencia se practica a plena luz del día.



John Lennon (1940-1980). 


Descubrí este texto la semana pasada en una cadena de Facebook. No lo conocía y me parece una genialidad, liberador, especialmente, la parte que os destaco en negrita. Porque sí, porque es verdad, crecemos a través de la gente, de las personas que nos vamos cruzando en el camino. La vida es un continuo aprendizaje, ya sea a través de experiencias positivas, absorbiendo ideales, razonamientos y sensaciones; o a través de experiencias negativas, que nos hacen escarmentar para futuras situaciones similares o nos enseñan a sobrellevar de la mejor manera posible los palos que a veces nos da la vida. 
Por otro lado, me siento identificada con este texto porque me parece imprescindible para cualquier relación interpersonal, ya sea familiar, de pareja o de amistad, que cada una de las partes implicadas mantengan su independencia individual para funcionar mejor. Una relación que funciona así, es sana y estará libre de reproches, sentimientos de anulación y resentimientos. No pasa nada si en un momento determinado, uno de los dos necesita hacer algo individualmente, se trata de ser una pareja, o sea, dos personas, no un ente bicéfalo digno de cualquier mitología. 
¿O acaso alguien es capaz de dudar del amor de John hacia Yoko?



jueves, 20 de octubre de 2011

El fondo del espejo del alma

Existen dos tipos de lenguaje, el verbal y el no verbal. El verbal puede ser sincero o no. El no verbal es más difícil que nos engañe. Yo me considero afortunada porque normalmente suelo tener facilidad para leer el último.

La clave en el lenguaje de los gestos, para mí, está en la mirada. Y esto no es nada nuevo. Una mirada puede estar llena de matices, los ojos son la ventana de un sinfín de estados de ánimo y sentimientos. Me gustan los ojos. Todos, sin discriminación.
Cuando conversas con algún amigo de cualquier cosa, ya sea trivial o solemne, entiendes la repercusión de lo que sea que se esté verbalizando en esa charla, sólo fijándote en las variaciones de los órganos de la vista. Muchas veces son casi imperceptibles, pero si el interlocutor está atento, siempre aparecen detalles reveladores.
Las miradas son las responsables de que, en la mayoría de las ocasiones, desarrollemos esa especie de sexto sentido que nos ayuda a crear las primeras impresiones. En cuestión de sólo unos minutos, te das cuenta de que nunca vas a congeniar con una persona, o por el contrario, te puede dar la sensación de que ya os conocéis y asumes muy rápidamente que ese nuevo amigo o amiga va a entrar en tu círculo de relaciones personales por el tiempo que le corresponda. Por supuesto, entre todo esto, existe una gran escala de grises.

Por si fuera poco con su capacidad de gesticulación, los ojos traen dos extras de serie, que son el brillo y las lágrimas. Ambos ya para emociones superlativas.
Cada individuo tiene su personalidad, y esta se reflejará en su forma de mirar habitual. Es de gran ayuda conocer la de la gente que te rodea para poder percibir posibles resplandores, o apagones eventuales (e inevitables), en el transcurrir de sus vidas.
Si me imagino a cualquiera de las personas de mi círculo cercano, reproduzco en mi memoria con facilidad, un montón de miradas asociadas a diferentes recuerdos, y cómo no, a diferentes emociones. Porque ya se sabe que cuando cualquier hecho va ligado a una emoción, es mucho más fácil de conservar. Y que cuanto más intensa haya sido dicha emoción, más tiempo permanecerá en nuestra memoria.

En situaciones de comodidad, de confianza, de franqueza, siempre miramos a los ojos; cuando algo nos intimida y nos hace sentir vulnerables, bajamos la mirada. Por eso la gente con la autoestima alta mira de frente, los tímidos o inseguros, hablan mirando a los pies y los mentirosos, se quedan a medio camino y miran torcido.


El paso del tiempo se encarga de poner a los ojos un marco según la historia personal de cada uno, hay gente que se arruga por el entrecejo de tanto haberse enfadado; a otros les salen bolsas y ojeras, que denotan preocupaciones o falta de descanso; y en cambio, hay personas a las que se les ponen dos soles llenos de rayos, de tanto reir.


Está claro que no soy la única, por supuesto, en meditar sobre esta relación ojos-alma. Es un tema muy recurrente, y por eso, os pongo a continuación esta selección de citas célebres relacionadas con el tema:

  • Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. (Proverbio árabe)
  • Las palabras está llenas de falsedad o arte; la mirada es el lenguaje del corazón. (William Shakespeare).
  • La fe engaña a los hombres, pero da brillo a la mirada. (Rabindranath Tagore).
  • El primer beso no se da con la boca, sino con la mirada. (Tristán Bernard). 
  • Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena. (Ingmar Bergman).
  • El alma que puede hablar con los ojos, también puede besar con la mirada. (Gustavo Adolfo Bécquer).
  • No todos los ojos cerrados duermen, ni todos los ojos abiertos ven. (Bill Cosby).
  • El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados. (Albert Einstein).
  • En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz. (Víctor Hugo).
  • ¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?. (Groucho Marx).
  • Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada. (Antoine de Saint-Exupery).

Y mis elecciones personales para cerrar el tema, son:
Esta frase de la canción "Conocerte" de Second (uno de mis grupos fetiche), "Aún me queman los cruces de las miradas". Habla del comienzo de una relación, de provocar los encuentros, de la ansiedad del principio.


Y, por supuesto, Manolo García y su "Como quien da un refresco". "Tu mirada es la flecha que hiere el tiempo, que lo detiene, que lo hace eterno"..."Me detengo en las miradas..."
Es de esas canciones, que por muchas veces que la escuche, sé de buena tinta que siempre va a llegar a mis entrañas.

lunes, 17 de octubre de 2011

De cuando la guerra...

Esta semana, me causó un gran impacto esta historia de dos nonagenarios, amigos y antiguos combatientes de la guerra civil (¡en bandos distintos!).
Fue emitido en el programa Salvados, creo que en el 2009, y yo lo vi en una reposición de la Sexta 2.

Tengo una especial debilidad por esta generación, historia viviente. Porque quien más, quien menos, escuchó algún relato de la Guerra Civil contado por algún abuelo o abuela. Cada parte tiene su versión, cada individuo sus vivencias, y casi es ya una frase hecha el tópico de "una guerra civil es el peor tipo de guerra que pude haber" (como si hubiera alguno bueno).
Nuestros ancianos (siempre hablando de ancianísimos, de más de 90 o rondándolos) son de otra pasta (sigo tirando de tópicos), primero, por lo que les tocó vivir: necesidades, traiciones, hambruna, trágicas pérdidas familiares (ya fueran en combate, tras enfermar en la cárcel, o en un campo de concentración)... ; y en segundo lugar, porque la propia selección natural, se encargó de que hasta nuestros días, sólo llegaran los individuos genéticamente más fuertes, extremadamente fuertes yo diría si analizamos las dificultades que tuvieron que superar.
A veces pienso que los problemas de nuestra generación son un juego de niños al lado de lo que les tocó vivir. No sé si será así, el caso es que son de una índole bastante diferente.
Cuando coincido con alguno en mi trabajo, y me cuenta "batallitas" de su juventud, afloran en mí sentimientos de admiración y tiendo a autopreguntarme si yo hubiera sido capaz de soportar todo aquello. Pero está claro que ni mi educación, ni las comodidades que me rodean, ni la situación política y social que tuve la suerte de conocer desde que aparecí en este mundo, pueden ponerme en contexto.
Algún día os contaré alguna historia de las de mi abuela.

El caso es que esta historia es ejemplar, por la lección que dan ambos sobre capacidad de perdonar, de enterrar rencores y de convivir en armonía. Virtudes, que hoy en día, mucha gente tiene perdidas a pesar de enfrentarse a hechos infinitamente menos traumáticos y para nada comparables.

Den un fuerte aplauso y pónganse en pie, para recibir a ¡Fermín y Dalmacio!


viernes, 7 de octubre de 2011

Ir caminando a trabajar

Por motivos que no vienen al caso, llevo tres semanas sin coche y voy a trabajar caminando. Realmente, podría hacerlo siempre, pero cuando tengo el coche, me acomodo y acabo conduciendo.

Estos veinte días de paseos conmigo misma (aproximadamente diez minutos, cuatro veces al día), me están resultando sorprendentemente agradables, no sólo por el hecho de pasear en sí mismo, sino por la observación y el disfrute de diferentes situciones y sensaciones.

Cuando salgo por la mañana, me cruzo a los niños, que junto con sus papás y mamás, se dirigen hacia el cole. Analizo la obra de la genética, si van contentos o resignados (tanto los niños como los padres), los grupos que forman a la entrada de la escuela, los que tienen gimnasia a primera o lo grandes que son algunas mochilas, y recuerdo lo que pesaba la mía.

Avanzo un poco más y llego a un parque, el cual tengo que cruzar. En este parque me encuentro diferentes escenas, según la hora del día. Por la mañana, veo a las amas de casa y a los jubilados realizando su tabla de ejercicios diarios en los aparatos de gerontogimnasia. Siempre consiguen arrancarme una sonrisa sin proponérselo, me encanta verlos ejercitarse mientras cotorrean. A mediodía, todo es mucho más variado, gente que viene de hacer la compra, grupos de adolescentes que salen del instituto, parejas sentadas en bancos. Muchos días, hay un gaitero ensayando y paso ganas de sentarme a escucharlo. Por la noche, lo más habitual es cruzarte con gente que saca a su perro, y con perros que sacan a sus amos, acompañados todos ellos por una banda sonora de sevillanas que sale de la caseta de la asociación de vecinos.
Un día, mientras iba por el parque en dirección a mi casa, a  la hora de comer, vi a una señora que se caía y corrí a ayudarla a levantarse, la acompañé a un banco, estaba como desorientada y no era muy mayor, le pregunté dónde iba y le indiqué. Me dio las gracias de forma sincera, y a pesar de que me quedé preocupada, me sentí bien egoistamente por haber hecho la buena obra del día.

Todos los días, en los dos paseos de ida al trabajo, me cruzo a un chico en el parque, él también va a trabajar, los dos tenemos el mismo horario partido que parece que no te deja tiempo a hacer nada más, ni siquiera a darte cuenta de que las semanas pasan volando. Va cabizbajo, con los auriculares puestos y caminado rápido, da zancadas muy largas y lleva una carpeta debajo del brazo. ¿En qué trabajará?

Los días que mejor lo paso son los que hace sol, porque aunque vaya a pasar todo el día metida en el trabajo, su luz me da una energía que hace que me crezca y piense que no habrá nada que pueda conmigo jamás. ¡Y encima hizo calor! así que placer añadido, la combinación de piernas al aire y pies calzando chanclas, siempre hace que el caminar sea más agradable.

Pero hoy está lloviendo, el otoño ya ha llegado y nos queda todo el invierno. Prefiero mil veces el verano, pero no es por el calor, es por la luz. Espero haber captado suficientes rayos solares para poder pasar la hibernación sin dificultades, hasta que el nuevo tiempo de chanclas vuelva a hacer acto de presencia. O hasta que recuerde otra vez que caminar bajo la lluvia también es un pequeño placer cotidiano.

Aurea Mediocritas. Horacio

Vivirás mejor, Licinio, si no te adentras
siempre en alta mar ni, por miedo a las tormentas,te aproximas demasiado a la costa.
Los que prefieren la mediocridad dorada
encontrarán abrigo y se hallarán a salvo
del precario techo en ruinas y de la envidia de los salones.
Al pino muy alto el viento lo sacude más;
la torre elevada se derrumba con estruendo;
el rayo alcanza las cumbres más altas de las montañas.
En los desastres, el carácter bien dispuesto espera,
y en la bonanza se prepara para el cambio de suerte.
Es natural que un inverno duro llegue y se vaya.
Lo malo no perdura.
Apolo tensa unas veces el arco de la guerra,
pero otras empuña su cítara para despertar a la música.
Sé valiente y alegre en la adversidad,
pero cuando el viento sopla demasiado favorable
el sabio se apresta a recoger las velas.



Éste fue uno de los descubrimientos de esta semana, gracias a P.S.P por descubrírmela y gracias por compartir lo que tú has tomado como filosofía de vida. Nuestras charlas siempre son muy agradables y enriquecedoras. 


No todo el mundo vale para ser mediocre...¿cabeza de ratón o cola de león?; cuanto más alto, más dura será la caída; sin riesgo no hay gloria; de valientes está el cementerio lleno...hay opiniones para todos los gustos. Pero lo que a mí me llama más la atención, es que este señor, Horacio, es el mismo del famosísimo "carpe diem" que todos, alguna vez en nuestras vidas, intentamos tomar o aconsejamos hacer. ¿No están un poco reñidas ambas cosas?


Primera entrada del nuevo blog, en el que pienso compartir todo aquello que me llame la atención, que me haga aprender o reflexionar o que simplemente, me guste. El objetivo de este blog, mucho más personal, es ir almacenando sin más, vivencias, textos, canciones, fotografías ..., que por algún motivo, determinado o no, me despierten alguna emoción.