miércoles, 30 de diciembre de 2015

CON SU MISMO

Yaaaa vieneeeen los Reyeees. Y me sulfura.

Vamos a hablar de responsabilidad, pero vamos a hablar sin tapujos. Creo que muchas veces no nos damos cuenta de la responsabilidad que tenemos como padres. Siempre hablamos de dejarles un mundo mejor a nuestros hijos, pero pocas veces hablamos de que el cambio está en las personas, nosotros somos los causantes directos de que el mundo se dirija hacia una u otra dirección. Con lo cual, si queremos que el mundo de nuestros hijos sea mejor, deberemos de inculcarles los valores que creamos convenientes para avanzar como sociedad.

Y diréis, ¿qué tiene que ver estos con los Reyes Magos? Pues yo os digo que mucho. Habitualmente nos escandalizamos y nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos la cantidad de basura que producimos,  cuando hablamos de obsolescencia programada, de que ya no arreglamos las cosas, de que tenemos mucho más de lo que necesitamos, de que los recursos del planeta están sobreexplotados, de la contaminación, de la ausencia de sostenibilidad, del materialismo, de la desigualdad, etc. Bien, pues llegan estas fechas y se nos olvida todo, y de manera especial si hay un niño pequeño (o varios) en la familia. Aquí llega el descontrol,y decidimos que vamos a tirar por la borda en un día, todo lo que se supone que queremos enseñar a un niño. Por ejemplo, a no derrochar, a aprender que su manera de consumir tiene consecuencias, que las cosas no vienen caídas del cielo, que no por atesorar más posesiones se es más feliz, que las cosas realmente importantes de la vida no son cosas, etc.
¿Y qué ocurre? Pues que entonces estamos haciendo que nuestro hijo caiga en la vorágine del consumismo que tanto criticamos los adultos. Y no, no estoy hablando de no comprarle juguetes, estoy hablando de contención y moderación, que como todos sabemos, en ella suele estar la virtud, ya lo decía Horacio. Estoy hablando de niños que abren regalos que de verdad quieren, no por afán acumulativo ni por comparación con otros niños, sino porque en realidad les gustan y van a jugar con ellos; no van a quedar almacenados condenados a ser desangelados depósitos de polvo.

Por otro lado, vamos a suponer que tú, padre o madre, tienes conciencia de esto que te hablo e intentas transmitirlo de manera consecuente a tu hijo. Pues vas, y hablas con quienes van a regalar a tu niño, intentando controlar un poco la cantidad o el tipo de regalos que va a recibir en tan celebrada fecha. Entonces, lo más probable es que te encuentres con trabas e incomprensión en tu mismo entorno cercano. Pueden ignorarte, llamarte exagerada o ambas cosas. El caso es que, en la mayor parte de los casos, tus peticiones pasarán de largo en pos de la satisfacción personal que siente el adulto al comprar (el grado de satisfacción es directamente proporcional al tamaño y/o precio y/o número de paquetes que adquiera), aunque ellos te dirán que es por el disfrute de tu retoño (el cual disfruta sin apenas juguetes durante gran parte de cada día de su todavía corta vida). Esto puedes digerirlo tragándote tu frustración o teniendo discusiones que, en estas fechas, no apetecen nada, por cierto.

Así que tras esta bofetada de realidad, señoras y señores, solo me queda decirles que el mundo poco va a mejorar cuando en estas fechas están incitando a sus hijos a ser futuros adultos CON-SU-MISMO problema. Pero no se agobien, una vez leída esta humilde entrada, pueden volver a taparse los ojos (y la conciencia) para disfrutar en paz. Feliz año.

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