miércoles, 22 de mayo de 2013

Insignificancia

A veces, me pongo a reflexionar y me siento como un anciana analizando la vida que llevo, la que llevan los demás, la gente que me rodea. A veces pienso en nuestra parte más instintiva, la que nos recuerda que somos una especie animal y que esto es el nexo que nos relaciona con los demás seres del planeta.

En esos momentos pienso que somos insignificantes, que un montón de veces en el transcurrir de nuestro día a día, nos llenamos de ego, nos sentimos importantísimos y en realidad no lo somos. A todos, a absolutamente todos, nos iguala una cosa, la muerte. Y llegada la hora final, a no ser que hayas conseguido un logro reconocido a nivel mundial, si eres una persona corriente, rica o pobre, trabajadora o vaga, alegre o triste, desapareces.

¿Tendría sentido la inmortalidad? no lo creo, no deberíamos de inflarnos tanto como para no querer ceder nuestro sitio a generaciones venideras que acaben de estropear o arreglar nuestra obra. Si fuésemos inmortales, probablemente habría mucha gente que renunciaría a tener descendencia, porque tener hijos, es una manera de alargar nuestra sombra en este mundo. Es instintivo. Es animal. Nosotros nos vamos, pero queda algo nuestro. Eso debe de ayudar llegado el momento.

Somos insignificantes, como cuando te vas caminando hasta la base del Picu Urriellu y esas gigantes paredes de piedra que te rodean, te lo recuerdan. Y somos pasajeros, no como las montañas que permanecen, impasibles espectadoras.

Con humildad, habrá que intentar hacer lo posible por vivir con intensidad y alegría la mayor cantidad de vida, pero recordando que el mundo seguirá aunque faltemos y que tenemos la responsabilidad de intentar dejar algo mejor o por lo menos, no peor, que el escenario que nos encontramos.


                                                              Picu Urriellu. 15/08/12.

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